Top Libros gays para leer (pdf).

Aquí les traigo algunos libros gays para leer en formato PDF junto con el enlace para descargarlos.  

Aviso: para descargarlos tendrán que pasar un anunció de adfly

Los hijos de Caín narra en primera persona la historia de Antonio, un en la ciudad de Bogotá, sus inicios en este sórdido mundo, su ingreso a un burdel exclusivo de la capital, la relación con sus compañeros, con los clientes, el descubrimiento del amor y demás eventos que lo definirán como ser humano.

Dos hombres, uno blanco y uno pardo, uno rico, otro pobre, amo y esclavo, dos personas que se aman como no debían hacerlo, dos hombres sin lugar en este mundo.

Autor: Dirección General de Salud Pública y Sanidad ExteriorMinisterio de SanidadPolítica Social e IgualdadSecretaría del Plan Nacional sobre el Sida

Guía especialmente dirigida a gais y hombres bisexuales con VIH, que da una       de algunas cuestiones y dudas que pueden surgir en los momentos posteriores al diagnóstico, y propone estrategias de cuidado y bienestar para reducir los riesgos.

4.RECOMPILACIÓN RELATOS                                          HOMOEROTICOS 2011

En esta ocasión, la Colección Homoerótica ha preparado una recopilación de relatos de diversos autores hispano hablantes en torno al amor entre personas del mismo sexo.

Esta audaz investigación comienza hace años en los barrios “pesados” de Buenos Aires y toma forma definitiva nada menos que en San Pablo, capital mundial de la prostitución masculina. Recorre el ghetto gay, escucha, anota, clasifica y va construyendo, así, un completo inventario sobre las prácticas sexuales rentadas entre hombres de cualquier edad y condición social.

Biton Savakis es un rico abogado de 42 años de la ciudad de Nueva York que se siente perdido sin su amado esclavo por más de diez años: hace tres meses, Erik falleció de cáncer y desde entonces su voluntad de vivir como un Dom se está alejando. Hasta que una simple mirada un hermoso pelirrojo tan perdido y desesperado como él mismo reaccionar a Biton. Tal vez el joven pueda ayudarlo a aliviar su dolor, aunque sea por un breve tiempo.

Lamentablemente, el joven viene con su propio equipaje emocional.

Es muy duro brindar paz y felicidad a alguien que jamás las ha conocido. Pero más duro es sentirse impotente ante un joven a quien nadie jamás en su vida ha amado, y te mira horrorizado sólo porque eres amable.

Cavan nunca escogió la vida de un esclavo, pero no puede recordar que alguna vez no lo fuera. Golpeado casi hasta morir y tirado a la calle por su antiguo Amo, no sabe qué hacer. Cuando Biton le ofrece un contrato temporal, Cavan no entiende el significado de las palabras de su nuevo Amo. Todo lo que entiende es que tiene una nueva casa y alguien a quien servir. Pero qué le pasará cuando el contrato se termine… en treinta días…

Y tampoco entiende que hay Amos que te alejan del dolor de una manera que te hace añorar y desear que esos treinta días jamás terminen.

Biton y Cavan no lo saben, pero tendrán treinta días para comprender qué hay más allá del dolor que padecen.

Justin es el exitoso entrenador del equipo de fútbol de una pequeña ciudad de Idaho. Hace cuatro años que evita encontrarse frente a frente con el padre de su jugador estrella, Luc Henley.

10 libros imprescindibles de la literatura gay

La #MarchaGay es el próximo sábado, y estaremos presentando una serie de contenidos para calentar los motores. No está a discusión. Los libros son los mejores compañeros del hombre y de la mujer. No sólo hacen reír y llorar a través de sus inverosímiles historias, también enseñan y crean un abanico de escenas en nuestra imaginación. Si bien es cierto que hay títulos para todos los géneros imaginables, en los últimos cinco años una nueva categoría se ha abierto paso de manera exitosa entre los estantes de las más prestigiadas librerías: La temática gay.

En este tipo de literatura se pueden encontrar todo tipo de historias relacionadas con el amor, el dolor y la vida misma entre homosexuales y lesbianas que párrafo a párrafo hablan el mismo lenguaje que los lectores que simpatizan con este estilo de vida y, sobre todo, enseñan un mundo distinto a los heterosexuales.

Es así que con motivo de la XXXIII Marcha del Orgullo Gay en puerta –se celebrará el próximo sábado 25 de junio en la Ciudad de México– mostramos una selección de algunos de los libros que más trascendencia han tenido en la comunidad lésbico, gay, bisexual, travesti, transgénero, transexual e intersexual (LGBTTTI).

Esta novela de Manuel Puig, publicada en 1976 –que además fue llevada al cine en 1985 por Héctor Babenco y fue protagonizada por Sônia Braga, William Hurt y Raúl Juliá– narra la historia de dos presos que viven en la misma celda de una cárcel en Argentina: Martín, quien es acusado de corrupción de menores y Valentín, que es un activista político. La convivencia diaria de estos dos personajes, uno gay y el otro no, hace que sus estereotipos de vida se modifiquen hasta llegar a asomarse de vez en cuando en un rol de pareja.

Autobiografía de Reinaldo Arenas. Días antes de suicidarse en diciembre de 1990, Arenas le regaló al mundo su historia en papel, su vida en la época de la Cuba de Fidel Castro donde ser homosexual era un delito y Reinaldo tenía dos razones más para ser perseguido: ser disidente y ser escritor. Este título es una crónica de la vida de este intelectual, de sus mayores tristezas, de su estadía en la cárcel, de sus tormentosos amores y de su muerte en Estados Unidos. Sin duda uno de los libros más melancólicos del mundo gay.

Es un clásico del acervo literario del México contemporáneo. Escrito en la década de los 70 por Luis Zapata, El Vampiro de la colonia Roma relata la historia de Adonis García quien, en primera persona, cuenta los recuerdos sobre su niñez, su vida sexual tan controvertida, cómo se volvió prostituto y su aceptación como homosexual. El valor agregado de esta publicación es que recrea los lugares de encuentro para la comunidad gay de aquella época como la Zona Rosa, hoteles en la colonia Roma, los Sanborns de Niza y el de Aguascalientes, algunos de ellos aún presentes.

Novela de David Leavitt. Cuenta la historia de Brian y Edward, de 23 y 17 años, respectivamente. Brian es un escritor frustrado por falta de ideas así que vive mantenido por su tía. Conoce a Edward, quien es un trabajador de trenes, en una reunión del movimiento Brigadista Comunista Inglés. A partir de ese momento Brian entra en una lucha contra su propia identidad sexual que obliga a Edward a unirse a las fuerza armadas de la Brigada Española. Es una historia de amor llena de altibajos que engancha al lector de principio a fin.

El escritor Harold Brokey ambientó esta novela en la Venecia de los años 30 para contar la historia de un joven veneciano que se hace gran amigo de un chico norteamericano, pero por azares del destino se separan. Años después la pareja de amigos se vuelve a reencontrar convirtiendo la joven amistad en amor. Es un libro que relata la pasión, el deseo y los baches que tienen que atravesar las parejas gay para hacer perdurar una relación.

La más famosa de las novelas de Yukio Mishima es una autobiografía publicada en 1949 y que, en esencia, cuenta el drama de un niño adolescente que despierta al sexo en unas terribles fantasías sádicas, para encontrarse después distinto a todos sus amigos. Yukio, a temprana edad, descubre sus fetiches cuando estando en un baile barriobajero se nota estimulado sexualmente por unos hombres musculosos que se han descamisado y se les asoma el vello de las axilas. Esta trama también describe el Japón en el último periodo de la guerra y después del lanzamiento de las bombas atómicas.

Mary Renault, de origen inglés, dueña de una capacidad fabuladora para cultivar novelas históricas, rescató a uno de los personajes más importantes en la vida del joven Alejandro Magno: Bagoas, el servidor preferido del emperador romano con el que mantiene una relación de complicidad absoluta en la intimidad. Por los candentes episodios cargados de erotismo, este libro fue censurado en la España franquista.

En 444 páginas, Paul Russell hace un valioso listado que no sólo se limita a identificar a gays y lesbianas famosos a lo largo de la historia, sino que muestra cómo cada uno de estos grandes personajes –que van desde Safo hasta Madonna pasando por Oscar Wilde– ha contribuido a las múltiples e interesantes facetas de la experiencia homosexual, y cuyas vidas privadas ya no se ocultan por el bien de todos.

Éste es uno de esos libros que tanto homosexuales como heterosexuales deben de leer. Y es que la investigación que publicó en 2003 la psicoterapeuta Marina Castañeda analiza y explica cómo uno se vuelve homosexual y construye su identidad, la homofobia internalizada, el clóset, las dinámicas de las relaciones amorosas entre personas del mismo sexo y la bisexualidad, entre otros temas. En resumen, este libro contribuye a remediar la preocupante ausencia de información sobre el mundo gay.

Con la mirada lúcida e incisiva propia del investigador social, y a la vez con el profundo conocimiento del tema adquirido con su participación en capítulos recientes de esta historia, Xabier Lizárraga, -uno de los pioneros del movimiento de liberación sexual en México- ofrece una obra que ayuda a entender claramente aquella consigna del movimiento social en sus inicios y todas las repercusiones por el odio hacia los homosexuales.

10 libros imprescindibles de la literatura gay

Literatura homosexual y LGTBI: los imprescindibles

Desde el siglo VI antes de Cristo, Safo ya cantaba el amor entre mujeres. Heródoto y Platón exploraron el amor homosexual como una vertiente de la relación pedagógica e incluso hay quienes han atribuido una naturaleza erótica a la amistad entre Patroclo y Aquiles en la Ilíada. La literatura narra los gozos y desgarros del alma humana, todo es susceptible de ser contado, cómo no iba a serlo, el amor entre personas de un mismo sexo o el deseo de ser alguien distinto, en el caso de Terenci Moix por ejemplo; mientras otros la dejan fuera de su registro literario o al menos lo retrasan en su obra, como Juan Goytisolo, quien en 1985 publica Coto vedado, su primer libro autobiográfico en el que narra la soledad de ser homosexual en la España de los años 50. 

La literatura ha encontrado en el amor (y el desamor) homosexual su caja de resonancia más potente. La historia está llena de personajes conmovedores como La Loca del Frente que escribió Pedro Lemebel en su preciosa Tengo miedo torero, también el Gustav von Aschenbach y el Tadzio con los que Thomas Mann ilustró el amor solitario que puede sentir un hombre viejo por la juventud de otro; el realista Valentín Arregui y el soñador y quijotesco Molina que Manuel Puig narró en El beso de la mujer araña o las Theresa y Carol sobre las que Patricia Highsmith levantó su novela Carol.

En muchas obras de teatro, poemas y novela se cuenta mucho más que la naturaleza individual para oponerla a la ley y la sociedad. Ocurrió con Oscar Wilde y De profundis, aquella carta dirigida a su amante Lord Alfred Douglas desde la cárcel del Reading, donde cumplía condena por el delito de sodomía, e incluso, en el siglo siguiente, el poeta y disidente cubano Reinaldo Arenas, quien fue objeto de persecución por ambos motivos y dedicó amargas páginas  a su encarcelamiento y su exilio. Por razones históricas y distintas, hay exclusión y castigo en la circunstancia de los dos escritores. 

La relación con la política se expresa en distintos autores, uno de ellos Michal Witkowski, quien en (Anagrama) narra la historia de Patrycja y Lukrecja son dos travestis que crecieron en un Estado comunista. El autor crea un paisaje ideológico y temporal ya que a través de „drag queens polacas, exchaperos, conejitas de discoteca y todos los tipos imaginables de gays“, habla de los cambios políticos políticos de los 80 y su impacto en la vida de los hombres gays.

Escritores como la británica Jeanette Winterson abren la experiencia individual como visor cultural y social. Adoptada por una pareja evangélica de escasos recursos, Winterson fue educada en el estricto dogma evangélico pentecostal. Cuando a los 16 años confesó a su madre que amaba a una mujer. Ella le dio dos opciones: “O te vas de esta casa y no vuelves nunca más o dejas de ver a esa chica” abandonar el hogar en el que hasta entonces había crecido, entró en Oxford para estudiar Filología Inglesa. Su encuentro con esa experiencia cultural la contó en Fruta prohibida (1985), su primera novela, que más tarde se adaptó a la BBC y que le valió a la escritora el premio Whitbread Award a la mejor ópera prima.

 Literatura homosexual y LGTBI: los imprescindibles

Literatura LGBT en castellano. Una selección

La literatura homosexual, esto es, una literatura que trata explícita y principalmente sobre personajes y asuntos homosexuales, ha estado ligada a la progresiva aceptación social de la homosexualidad en España. En la época de Al-Andalus floreció una poesía de gran refinamiento y alta calidad, en la que el homoerotismo era frecuente, incluso escrita por los propios reyes andalusíes. La caída del Califato de Córdoba en el siglo XI y el subsiguiente dominio de los almorávides y la división en los reinos de taifas, descentralizaron la cultura por todo al-Ándalus, produciendo una época de esplendor en la poesía. La invasión almohade trajo el surgimiento de nuevas cortes literarias en los siglos XII y XIII. La mayor autonomía femenina en esta etnia norteafricana hizo aparecer un mayor número de poetisas, algunas de las cuales escribieron también poemas que cantaban la belleza femenina. El homoerotismo presente en la poesía andalusí establece un tipo de relación similar al descrito en la antigua Grecia: el poeta adulto asume un papel activo frente a un efebo que asume el se puede hablar de presencia de este tipo de literatura en España hasta el momento de la literatura realista, a partir del último tercio del siglo XIX y durante buena parte del siglo XX, en la que la homosexualidad recibe un tratamiento negativo. No solo por los previsibles problemas con la Iglesia, sino también por las teorías positivistas que hablaban de delincuencia y enfermedad. En la literatura los personajes homosexuales aparecen infiltrados en todas las clases sociales y se presentan, en general, como elementos amenazadores para la buena salud de la sociedad (aunque hay excepciones, como el capellán protagonista de Los pazos de Ulloa de Emilia Pardo Bazán). A principios del siglo XX, autores españoles homosexuales como Jacinto Benavente, Pedro de Répide o Antonio de Hoyos y Vinent debían elegir entre ignorar el tema de la homosexualidad o representarlo de forma negativa. Solo los autores sudamericanos publicaban literatura abiertamente sobre temas homosexuales fuera de estos tópicos, el chileno Augusto d’Halmar, el cubano Alfonso Hernández Catá y el uruguayo Alberto Nin Frías son ejemplos de gran interé poesía fue el gran refugio de autores gays como los pertenecientes a la Generación del 27. Lorca, Prados, Cernuda, Aleixandre o Manuel Altolaguirre estaban influidos por los grandes escritores homosexuales europeos, como Oscar Wilde, André Gide o Marcel Proust. También se publica Poemas arabigoandaluces (1930) de Emilio García Gómez redescubrimiento de los poemas pederastas de poetas de Al-Á muy significativo el tímido despertar de la literatura lésbica a principios del siglo XX. La primera obra en tratar del tema fue Zezé (1909) de Ángeles Vicente. En 1929 se estrenó la primera obra teatral que trataba del tema, Un sueño de la razón de Cipriano Rivas Cherif. La única que se atrevió a publicar versos homoeróticos fue Lucía Sánchez Saornil, aunque bajo seudónimo masculino. Otras autoras hicieron referencias al lesbianismo de forma más velada, como Carmen de Burgos. Hacia mediados de los años 30 se estaba produciendo una tímida apertura que se vio cortada por la Guerra Civil. Tras la Guerra Civil, con Lorca asesinado y la mayoría de los poetas homosexuales o bisexuales en el exilio, la cultura gay se retiró de nuevo a la poesía oscura de Vicente Aleixandre, que nunca admitió su homosexualidad públicamente. Un caso distinto fue el de Juan Gil-Albert, cuya obra está teñida de abierto homoerotismo, aunque tuvo una menor difusión. Otros poetas gais de la época fueron muchos de los pertenecientes al grupo Cántico, como Ricardo Molina, Vicente Núñez, Pablo García Baena, Julio Aumente y Juan Bernier. Más jóvenes, también eran gais Francisco Brines y Jaime Gil de Biedma. Este último, pese a su más bien breve obra poética, tuvo gran influencia en la poesía española de su momento y posterior y se le ha llegado a calificar de ‚padre espiritual‘ de la poesía española posmoderna. La obra poética de Gil de Biedma se caracteriza por su realismo y su tono irónico, así como su discreción. Tras la muerte de Franco, se produjo una mayor libertad en el mundo editorial y afloró el tema homosexual. La invisibilidad social de los homosexuales durante el franquismo y la falta de referentes en lengua española dentro de la literatura gay hizo que los nuevos autores o bien tomaran como modelos a figuras como Wilde, Genet, Proust, Rimbaud o Lautréamont o bien fijaran su mirada en el mundo de la cultura de masas. Es el momento de Juan Goytisolo, Luis Antonio de Villena, Antonio Gala y Terenci Moix, conocidos públicamente por sus frecuentes apariciones en televisión y por ser de los pioneros en declararse públicamente gais, ya a finales de los años 70. La novela que mejor refleja el cambio de mentalidad de los homosexuales (y de toda la sociedad española) a partir del final del franquismo se debe a un autor heterosexual, Manuel Vázquez Montalbán, quien trató el asunto en su novela Los alegres muchachos de Atzavara (1987). Otros autores de la década de 1970 o en la de 1980 son Álvaro Pombo, Vicente Molina Foix o Leopoldo María en los años noventa cuando eclosionaron las publicaciones de tema homosexual, no solo poéticas y literarias, sino también teóricas. Es también el momento de las editoriales y las librerías especializadas en temas LGBT. Asimismo comienza la eclosión comercial de la literatura gay, principlamente a raiz del éxito de las Memorias de Terenci Moix. Surgen los ciclos de conferencias en instituciones como el Ateneo de Madrid, los congresos y los premios literarios: La editorial Odisea entrega desde 1999 el Premio Odisea a libros de temática gay y lésbica en lengua castellana. La fundación privada Arena comenzó a entregar en 2005 el premio Terenci Moix de narrativa gay y lésbica, que a partir de 2012 se denominó Premio Fundación Arena de Narrativa GLBTQ. La editorial Stonewall entrega desde 2011 el Premio Stonewall de Literatura LGTB.

Además de la pequeña selección aquí presente, la BLR ha elaborado una más amplia que recorre todas las épocas y estilos y que puede consultarse en el siguiente documento.

Literatura LGBT en castellano. Una selección

En México existen escritoras y escritores llenos de talento. Estos son 30 libros LGBT+ imprescindibles de la literatura mexicana.

En la historia de la literatura mexicana han existido autores y autoras que han creado verdaderas joyas. Luis Martín Ulloa es doctor en Letras por la Universidad de Guadalajara. Para obtener ese título, Luis realizó la tesis La homosexualidad en la narrativa mexicana, siglos XX y XXI. En junio de este año, durante todo el Mes del Orgullo, el doctor compartió una lista con 30 libros imprescindibles de la literatura LGBT+ mexicana.

Estos títulos formaron parte del trabajo de investigación de Luis Martín Ulloa. En exclusiva para Homosensual, Luis comentó que lleva realizando esta labor desde hace 20 años, pues ha sido un tema que ha tocado desde que cursó la licenciatura.

El doctor Martín Ulloa señaló que estas obras pertenecen al periodo de lo que él llama «la explosión de la literatura LGBT+ en México». Asimismo, estos libros abordan los temas lésbico-gay desde un punto de vista libre de tabúes. Sin embargo, Luis recalca que la cuestión del VIH y el sida continúa siendo poco tocada en la literatura mexicana.

Luis, experto en literatura, se vio motivado a compartir su conocimiento en sus cuentas de Twitter y Facebook. ¿La razón? Porque en el Mes del Orgullo LGBT+ observó que muchas personas realizaban listados de diversos contenidos como música y películas. A continuación te compartimos la lista de 30 libros imprescindibles de la literatura LGBT+ mexicana, escrita y realizada por el doctor en Letras, Luis Martín Ulloa:

En México existen escritoras y escritores llenos de talento. Estos son 30 libros LGBT+ imprescindibles de la literatura mexicana.

A Potiguar Rosângela Trajano estará lançando três livros infantis pela Coleção Crianças Diversas da Editora Metanoia onde ela aborda temáticas LGBTs. O lançamento dos livros acontecerá no dia 18 de Abril, na livraria Saraiva do Midway Mall.

FALO – A poesia transgressora de Paulo Augusto

“Falo” (1976) é o primeiro livro do Potiguar Paulo Augusto. Mas não é mais um livro de poesia. Ele é o canto FÁLICO da VOZ do poeta, mas que também se torna também um “EU FALO” – e ambos traduzem a mesma CORAGEM de Paulo contar (e cantar) sua homossexualidade.

Sua voz libertária, erótica e visceral se espalha e atravessa o país – em plena ditadura militar – identificando as injustiças com ele (enquanto gay) e com os outros (enquanto coletividade). Dessa maneira é que o livro exibe O Poeta e O Nordeste (sobretudo) na arena das perseguições da tirania e da violência na sociedade. Entretanto, o livro tem a força de libertar-se dessas amarras, pois se impõe como aguerrido. A força e a alegria do poeta vibram, porque tudo ainda está para ser feito, nada está acabado. Tudo é vivido intensamente, tudo é vivido como um porvir.

Em “Falo” o corpo que é o amor, delicadeza e erotismo, é o mesmo corpo que grita e guerrilha.

AVANT-PREMIERENão foi medo que senti quando você imenso – era a primeira vez – me rasgou a blusa inebriado e tonto. Eu era virgem como todo mundo um dia foi mas isto não vem ao caso. Fardos pesados, no canto do muro, tu e eu. Vislumbrei à luz murcha da tarde tua fortaleza pontiaguda e me recordo: meu coração recuou. Mas juntei minhas forças todas e num relance lembrei-me que mamãe sempre dizia:

Libros tematica gay romantica

Sexo, amistad y fascinación se confunden en la oscuridad de la celda, para acabar dando a luz una sutil metamorfosis. Las vidas de cuatro personajes en la Gran Bretaña de la Segunda Guerra Mundial acaba por dibujar los sueños rotos de toda una generación. Por qué no podrían haber sido de otra manera.

El cruel determinismo. El peligro que supone enfrentarse a los que no ocultan nada es la clave de gran parte de los conflictos de la literatura gay : Cuando terminamos de follar Delwood Barker no intentó esconderse. Por eso lo odiaba tanto el sheriff: aquellos que tienen algo que necesitan esconder siempre odian a aquellos que no lo esconden. Acabó de escribir estas particulares memorias poco antes de suicidarse en Nueva York, en Contradictoria, oscura y fascinante, la personalidad de Mishima es uno de esos pozos en los que uno se sumerge con gusto, aun sabiendo que puede no gustarle lo que encuentre.

Esta es su primera novela. En ella acompañamos a un niño en su paso a la juventud, de la sobreprotección de su abuela al descubrimiento de la atracción por su mismo sexo, acabando en una profunda fascinación por la muerte y la belleza. Un joven burgués recién llegado de la Alemania nazi conoce a un apasionado proletario en una reunión de apoyo a los republicanos españoles: dos hombres se enamoran en la Inglaterra de , en una historia que desemboca en la gran decepción personal.

Discusión sin solución…. En realidad se trata de una recreación del círculo de Natalie Barney, su Académie des Femmes. Que un texto como este, que trata los temas de la igualdad de derechos gays , el travestismo, la maternidad o las diferencias entre sexo y género se publicase en desmiente muchos tópicos…. Sin pelos en la lengua, la prosa de Cooper es siempre descarnada y reconocible en su realismo, como un puñetazo dado con fuerza y puntería justo en la boca del estómago.

Literatura gay en México: construir mundos posibles

La tradición de la literatura gay en México se abre como la oportunidad de construir mundos posibles, en los que la fuerza de la literatura aparece como utopía de la representación desde proyectos humanos y solidarios, a partir del uso pragmático de la historia, de nuestra historia de deseos diversos, que introduce en la historia oficial cambios sociales, políticos y, más importante, individuales. La conciencia de ser diferentes generó entre valientes escritores mexicanos un movimiento ético que permitió construir posibilidades para mostrar un mundo mejor, más amplio y diverso a partir de la experiencia; una mejora posible en el presente histórico de la enunciación discursiva en cada caso, que varía de acuerdo con las circunstancias históricas y políticas. A continuación nos detendremos en ciertas obras –y en las circunstancias de su creación– de cuatro de los más representativos escritores homosexuales que insertan su producción literaria en una temática que no desvincula la diversidad afectiva del mundo representado, sino, por el contrario, cada uno integra lo personal (representación de deseos, vivencias y elementos culturales de sujetos homosexuales) con sus proyectos políticos y literarios.

Toda selección implica dejar de lado testimonios valiosos; el criterio para hacer el recuento de estos escritores que nos dieron patria literaria jota es su evidente compromiso con la diferencia discursiva y la expresión singular y contestataria de acuerdo con el momento en el que desafiaron con su pluma las convenciones de la época. Además, nos centraremos en una obra específica de cada autor: Salvador Novo, íntimo en La estatua de sal; Luis Zapata y las contradicciones de El vampiro de la colonia Roma; la mirada crítica de José Joaquín Blanco en sus “Ojos que da pánico soñar”; y Abigael Bohórquez con su testimonio poético cumbre en Poesida. Cada uno de ellos –en su momento y especialmente con la obra en cuestión– desafió a la heterosexualidad dominante con otros modos de pensar –y actuar– en el mundo; otras maneras posibles de ejercer la dignidad de la vida. Todos muestran la fragilidad del modelo individual y dominante de la lógica normalizadora, nos invitan a soñar otras formas de sociabilidad, nos recuerdan prácticas del deseo que la norma cancelaba, nos iluminan mostrándonos modelos de comunidad que el matrimonio, la pareja y el mercado cerraron o pretenden continuamente hacerlo. La autobiografía, la novela, el ensayo y el poemario que abordaremos son obras que nos ayudan a romper con las prisiones reales y simbólicas de la representación de la diferencia y que nos invitan a conocernos y, en ese sentido, ampliar nuestros límites; no como fin en sí mismo, sino como proceso generador de cambios sociales y personalísimos. Los autores mencionados nos invitan a desnaturalizar y desmitificarlo todo –los discursos sociales, políticos, literarios, económicos, culturales y religiosos– bajo la premisa de que legitimar mitos heteronormados y naturalizar pensamientos sólidos desde la norma excluyen y operan con la lógica del rechazo como regla de homogeneización social.

Los modelos de masculinidad, autoritarismo y cultura del “nuevo hombre” se fijan en el afán revolucionario e institucionalizado de principios del siglo xx. Tradición heteronormativa que consideraba incluso al arte como proyecto de difusión política: la novela de la revolución y el muralismo son ejemplos de este cauce. El hombre es heterosexual, patriarcal y, de acuerdo con el estereotipo popular, “feo, fuerte y formal”.

Ante esta coyuntura, la compleja e inclasificable figura de Salvador Novo aparece desde una lectura contestataria, al burlarse de todo burlándose de sí. La estatua de sal, título que dio el autor a sus presumiblemente inconclusas memorias y no publicadas en vida (c. 1945, publicadas en hasta 1999),1 retratan el placer de la exhibición de la disidencia y el camino de formación de un joven escritor homosexual en un núcleo social soterrado, pero existente y válido. En ellas, aparece la intimidad como espectáculo que vende, el yo como un producto de consumo. Existe una amplia tradición de las memorias desde la norma literaria; en el caso de Novo, la subversión se presenta en el contenido, en la inconclusión, en la fragmentación, en la franca intención de escribir para exhibirse, así como en el hecho de la fragmentación como una resistencia a la idea de unidad del sujeto, desde una postura ubicua en su auto representación.2

Un juego entre represión y auto represión en clave irónica se finca en la elección de Novo por un discurso que se enuncia en La estatua de sal a partir del psicoanálisis, con lo que de entrada se nos presenta la conciencia de la homosexualidad como una categoría mental y no sólo ya corporal. Surge también la subversión de esa conciencia debido a que la narración no es condenatoria ni del todo reformista; al lado de la culpa y la autocomplacencia están el gozo, la diversión, la formación de comunidad; la “patología” homosexual da conciencia de sí, mas no necesariamente deseos de negarla, pareciera decir Novo.

Desde esta lógica disidente de la lógica médica, Novo encuentra el trauma infantil en el edipismo para explicar la homosexualidad en clave irónica: se representa a sí mismo como un niño que juega con otro niño a la madre y al hijo, no al papá y a la mamá, no al papá y al papá (que es a lo que yo juego), sino a la burla del complejo de Edipo para justificar ese “mal”, que en conclusión no es tal porque se exhibe en un gozo festivo recurrente, sin redención ni posibilidad de cambio. Inscribir el texto de su confesión en clave edípica le permite enunciarse, pero también subvertir los límites culposos del discurso confesional. Simula explicarse a partir de los candados de la norma, pero sólo para evidenciar el proceso excluyente y cancelatorio del discurso médico y, con ello, denunciar la parcialidad de lo que se considera sano o enfermo:

De esa época datan mis primeros recuerdos sexuales, cuya exposición inconexa no he de regir por más que la natural contigüidad de su actual representación. Había en casa un mocito, de nombre Samuel, con quien me ponía a jugar. Mientras jugaba solo, con mis cubos y mis cajas vacías de galletas, que construían altares, no necesitaba de más. Pero cuando jugaba con aquel chico, yo proponía que el juego consistiera en que fuéramos madre e hijo, y él entonces tenía que chupar mi seno derecho con sus labios duros y su lengua erecta. Aquella caricia me llenaba de un extraño placer, que no volví a encontrar sino cuando muchos años más tarde, al sucumbir a la exclusividad de su tumescencia, retrajo a mi recuerdo aquella primera y quizá definitiva experiencia, que a toda la distancia de su adquisición como forma predilecta de mi libido adulta, puede haber sido el trauma original que la explique.3

En La estatua de sal es significativo cómo el lenguaje de otra sexualidad se le va abriendo a Novo. Surge en el escritor homosexual la necesidad de abrir el lenguaje para dar cabida a nuevos modelos de representación, además de un proceso iniciático que se acompaña no sólo de los actos sexuales, sino de la conformación colectiva de identidad y el sentido de pertenencia al grupo de lo abyecto. Nos percatamos de que en la época que retrata Novo ya no es tan rara ni aislada la homosexualidad, sino que existe la posibilidad de formar comunidad.

En la autobiografía, las esencias y los esencialismos se vuelven apariencias, superficies porosas y estructuras parciales. Aparece una propuesta de una estructura narrativa que se regodea en el fracaso; fracaso amoroso, vital, literario en términos de la fragmentación de la vida narrada y el supuesto inacabamiento. Con Novo podemos hablar de una reconsideración del fracaso como propuesta estética queer y como política de resistencia al poder.4 Novo se construye como un sujeto de culpa e inferioridad, incapaz de realizar actividad física ni de entrar al dominio de la competitividad masculina (en ninguna de sus vertientes), y se desenvuelve desde una continuidad afirmatoria en el fracaso como forma de crítica. El fracaso visibiliza las contradicciones y los encubrimientos del modelo general de salud, felicidad y justicia; se presentan, en La estatua de sal el alejamiento de la respetabilidad íntima y una resistencia a la hegemonía del amor consistente en optar siempre por la falla amorosa y romántica. Al sabotear el capitalismo como esquema de éxito y progreso, aparecen alternativas a las formas de amar hegemónicas que los homosexuales reproducen. A partir de esas prácticas alternativas, la utopía de un mundo diverso y plural se construye desde el inconformismo, el pesimismo, las prácticas no reproductivas y anticapitalistas; podemos percibir una actitud negativa y crítica ante casi cualquier suceso. Novo cancela dos intentos de “matrimonio” que su amigo Antonio Adalid le preparara en emulación a su vida: “Tan persuadido estaba de la perfección de su esquema de vida con Antonio, que pensaba que a mí me convendría instalarme en una relación semejante: con un hombre maduro y rico que tanto apreciara mi belleza cuanto mi talento: me sostuviera y eventualmente me legara su fortuna”.5 Novo renuncia a la herencia de la continuidad capitalista y familiar en un esquema soterrado del matrimonio homosexual, y decide optar por los amores pasajeros con choferes. También aparece la reivindicación literaria del pasivo de la relación, de la dignidad del rol pasivo que adquiere matices de reto, habilidad y dogma en una crítica satírica que activa otros sentidos de competencia (¿masculina?), o más bien de dignidad “jota”:

Otras veces [La Golondrina] prefería llevarme a su cuarto, mejor equipado dentro de su miseria. En él me encerró una tarde con un tipo que acababa de hacer estallar una bomba en la embajada norteamericana: feo, pero dueño de una herramienta tan descomunal, que no era fácil hallarle acomodo. La Golondrina me retó, y acepté su desafío. Acompañada por curiosos testigos, me encerró con el anarquista, se alejó, volvió al rato, asomó la aquilina cabeza y preguntó: “¿Ya?” “Ya”. “¿Toda?” “Sí”. Y dirigiéndose a los testigos que la acompañaban: con una solemne entonación de Papa Habemus, proclamó: ¡Toda!6

Novo tiene como vecino a su amigo La Golondrina, con lo que aparecen otras formas de construir comunidad que no alcanzan todavía legitimación ni legalidad. Al luchar por el matrimonio homosexual, los homosexuales dejan de lado luchas como la diversidad de comunidades de amor, de lazos que no están reglamentados pero que funcionan. Desde esos espacios de la clandestinidad se vuelve importante una red formada con otros sujetos diversos que se reconocen en sus prácticas y sus nombres travestidos (“las chicas de Donceles”, “La Tamales”, “La Golondrina”). Esta red incluye la noción de hogares alternativos, ajenos a la función de la familia, que representan el fracaso de ésta, en términos de ruptura con la procreación. Se dibujan así otros tipos de relaciones, con lazos más fuertes que desde el pensamiento tradicionalista quedan encubiertos por la misma noción de familia, de continuidad, de éxito, de prolongación, de productividad, que Novo en sus memorias cancela o sugiere cancelar.

1979 pareció ser un buen año para ser gay en la Ciudad de México. El vampiro de la colonia Roma, éxito editorial publicado entonces, se inscribe en el marco paulatino de liberación homosexual y del afianzamiento de la categoría gay. El problema es el poder de exclusión de la categoría misma, que en términos generales representa: juventud, poder adquisitivo, clase social media o alta, estilo de vida. Gay: orgullo, alegría, posibilidad, libertad; pero también límites: cierto fenotipo viril, cierta clase social, cierto código postal. En la novela, desde una visión de triunfalismo y gozo enmarcados en la hipersexualizada Ciudad de México (de nuevo: sólo ciertos barrios y para ciertos sujetos), aparece un optimismo ante la libertad del deseo homoerótico, cuyas ganas de ejercer se manifiestan hasta entre los policías, lo que genera en la narración una óptica irónica en la que todo mundo le quiere entrar a jotear. Zapata propone la crítica de este modelo de orgullo que se vive en el ambiente y en el contexto de enunciación.

Existe, por un lado, la necesidad de dar voz al orgullo para darle mayor visibilidad al proceso de conquistas simbólicas, de resignificación de los espacios públicos, de la comunidad imparable y organizada que se ha construido y que permite que haya un “ambiente” disfrutable y cada vez más evidente. Al mismo tiempo aparece, sin embargo, la crítica a este modelo a partir de un personaje complejo que subvierte y abreva de la tradición literaria del vampiro, del pícaro y de la novela de aprendizaje. Así se construye el abyecto Adonis García, quien representa –desde mi lectura– la conciencia de que ningún modelo de vivir la homosexualidad debe dominar y que la resistencia se encuentra en la ajenidad al estereotipo: en la posibilidad de ser pobres, de ser promiscuos, de visibilizar el orgullo del goce sexual ilimitado y evitar el encajonamiento de clase, de espacios sociales, porque El Vampiro puede estar en todos y atravesarlos a todos, puede coger donde sea y cuando sea, con o sin protección, generalmente sin ella (recordemos que esta noción de orgullo va de la mano con que no ha hecho su aparición en escena el sida). Pero al construirse como objeto de deseo, la crítica aparece cuando al objeto deseado, Adonis García, se le exigen ciertas características fijas de autorepresentación, como ser más masculino, ser solamente activo y, de preferencia, que no se le note la homosexualidad, opacada con símbolos como la chaqueta de cuero y la motocicleta. La visión triunfalista de lo gay encubre, por un lado, el sufrimiento, la frustración y la idealización de los sujetos que son aplastados por un modelo triunfalista y festivo de vivir la homosexualidad, y; por el otro, permite hacer la crítica a esos valores.

El Vampiro, en su confesión –que no arrepentimiento–, no reconoce que tuvo relaciones afectivas, que pasó por el fracaso, la enfermedad, el rechazo, la burla, la soledad y la frustración. Porque ya es un estereotipo, existen límites autoimpuestos a su construcción identitaria y esa es una de las subversiones de El vampiro de la colonia Roma, porque es claro que al casarnos con estereotipos dejamos de ver las faltas de los mismos y tampoco son visibles los elementos de ruptura de la identidad, que son los que permiten el verdadero cuestionamiento. De otro modo, somos cegados, como René (la primera relación afectiva de Adonis), quien vivió un rato engañado pensando que al Vampiro no le gustaban los hombres, que sólo estaba con él por amor; el amor romántico mal digerido como la fuerza que transforma a hombres en homosexuales, sin perder el estereotipo de machos:

ya ves la mentalidad de las locas bueno de algunas locas o sea piensan que pueden encontrar un tipo que no gustándoles los hombres se acueste con ellos ¿ves? por eso te digo que algunas locas están de atar entons él [René] pensaba que yo era machín y que lo del talón y eso nomás era por sacar la billetiza y que sin embargo a él sí lo quería y en realidad sí me sentía a gusto con él.7

Robert Mapplethorpe, Calla Lily, 1984. © The Robert Mapplethorpe Foundation.

El estereotipo del homosexual se apropia de los espacios urbanos en la novela al develarse los espacios de homosociabilidad, con lo que se dibuja una cartografía del deseo en la Ciudad de México como paraíso posible. Esta visibilización permitió a muchos lectores identificarse y reconocer esos espacios homosociales, como se menciona en los testimonios que recoge Rodrigo Laguarda en Ser gay en la ciudad de México,8 donde algunos sujetos confiesan haberse enterado de prácticas clandestinas y lugares de encuentro homosexual gracias a la novela de Zapata. La lectura que democratiza el conocimiento geográfico de los lugares donde se permitía expresar o ejercer afectos diversos fue una conquista en la representación simbólica de lo que aspiraba cubrir, en aquel entonces, el asumirse gay.

La crítica a la homofobia internalizada empieza, hacia el final de la novela, como síntoma de la nueva realidad del estereotipo gay cada vez más válido. En la parte narrativa más triunfalista de la ciudad y lo gay, ocurre una fiesta; las locas y los travestis caen en el lodo y, en vez de apoyarse y conformar una red de apoyo mental, empiezan a atacarse y agredirse. El lodo, metáfora de la homofobia internalizada que paralizaría el avance de la comunidad, incluso más que el rechazo del heterosexual, que ya se lograba contrarrestar como parte de las conquistas simbólica que la organización e institucionalización de los grupos activistas de la diversidad comenzaban a alcanzar en el contexto de 1979, gracias a la visibilidad de los colectivos.

En marzo de 1979, José Joaquín Blanco emprende un valiente acto enunciativo al salir públicamente del clóset –antes lo hizo Nancy Cárdenas, en televisión, con Jacobo Zabludowsky– y publica en Sábado, el suplemento cultural de Unomásuno, el artículo ensayístico “Ojos que da pánico soñar”, que es la primera llamada de alarma directa sobre los efectos del mercado en la comunidad homosexual y la indignación ante la conciencia de que se ha alcanzado tolerancia pero no aceptación por parte de la dominante heterosexual. La invitación de Blanco es a no integrarse a la lógica de la globalización, que por su carácter individualista consume las expresiones colectivas, y a renunciar a la gaycidad que se vende a una identidad estereotípica y fija. El riesgo –anuncio en retrospectiva, profético– es naturalizar las expresiones hegemónicas excluyentes, racistas, heterosexistas, etnocentristas y sexistas por parte de las voces más privilegiadas de la incipiente comunidad gay. La alerta invita a no perder la rebeldía que caracterizó al grupo homosexual antes del proceso normalizador del mercado que ahora sabemos “rosa” y que se expresa en la aparición de bares, playas exclusivas, música y vestimenta. La crítica se dirige entonces al hecho de que la categoría gay privilegia los valores de la clase media blanca, que es el espectro que representa generalmente.

Sin embargo, Blanco –sin ironía en el apellido– muestra una visión muy utópica de la categoría gay; analiza de cerca el problema, pero las soluciones, quizá por el momento en que fueron formuladas, no permiten cuestionar ni romper la categoría gay y tampoco se conciben fuera del alcance de la gaycidad. Apuesta todo a la categoría como cambio en sí mismo en función de amores ideales, y tal vez entonces no podía ser de otra manera. De ahí que mi crítica se oriente no hacia Blanco, sino, como él, a la normalización como proceso excluyente dentro de la cultura gay. Después, el horror inmediato del sida y lo queer como postura epistémica de resistencia a la lógica de las diversidades identitarias van a formular otro tipo de relaciones individuales con la identidad que intentan no normalizarla, no definirla, sino mostrarla como proceso inestable y cambiante, como algo relativizado y en constante actualización y crítica. Para el momento de enunciación era ya suficiente y bello denunciar la opresión del mercado como fuerza normalizadora que borraría la rebeldía entendida como cuestionamiento y la histórica y necesaria lucha social de los colectivos de las disidencias sexuales.

“Y de repente, el Sida.” “¿Por qué este mal de muerte en esta playa vieja/ ya de sí moridero y desamores […]?”9 Su aparición fue así, repentina, como fue poetizada por el sonorense Abigael Bohórquez, uno de los más grandes poetas de nuestra tradición y, para mí, el más grande poeta mexicano. Poesida obtuvo el Premio Internacional de Poesía organizado por Conasida, la Organización Panamericana de la Salud y la unam en 1992; sin embargo, no fue publicado hasta 1996, en Tijuana, por Ediciones Los Domésticos.

La historia simbólica del poeta Abigael, de su contundente poemario y de la atroz realidad contextual que reflejó, es la historia de los rechazos a la diferencia, sólo por no ajustarse a la norma. El doliente y decidido testimonio de Bohórquez rechaza la insistencia en la ficción de la culpa, la “condoficción” que la lógica hegemónica impuso a los sujetos homosexuales, relegados de nueva cuenta al clóset, a la culpa atávica, a la cancelación del gozo ante el miedo a la pandemia. Abigael canta, y su canto es protesta, sobre cómo el imaginario social encontró una manera de condenar al homosexual. A pesar de que el error fue aclarado eventualmente, Bohórquez quiso dejar testimonio poético de esa nueva condena, de ese nuevo malestar al que no se quería dar nombre y que en un primer momento tuvo el nombre ignominioso de las prácticas homosexuales. Después del amor que se atreve a decir su nombre vino la muerte que no se atreve a decir su causa, Y fue llamada “susto”, “experiencia divina”, “licencia poética”, pero nunca su nombre visible y sin estigma. Nadie se moría de sida. En palabras del poeta, Poesida es un “documento cruel pero solidario”,10 intento de justicia y comprensión. Poesida es testimonio y explosión poética, con “todas las palabras de que es capaz un hombre”,1112 Desde el primer poema se lanza la subversión y el cuestionamiento: si has muerto de tanta vida, de tanto gozo, ¿es una muerte?, ¿qué es eso del sida? ¿Qué viene a significar más allá del odio, del repudio, del rechazo?

Encontramos, además del desafío y el rechazo a la muerte social que impuso el sida, una esperanza que se canta festiva desde la calavera como símbolo de la muerte democratizadora. La sección de los “Retratos” visibiliza una gran cantidad de sujetos que viven y gozan desde diversas militancias, poses y agencias cotidianas el ser homosexual y el morir en el gozo y, a veces, en el desconocimiento. Podemos entonces reflexionar, ¿cómo actuar una homosexualidad visible, digna y disidente en cada uno de nuestros contextos personales?, ¿cómo lograr agenciarnos diversos y dignos desde nuestras profesiones, compromisos y etiquetas, actitudes, encuentros y desencuentros con el otro? Poesida se cuestiona y nos cuestiona, sin dar resultados fijos, sobre cómo encontrar dignidad en el nuevo modelo de rechazo, cómo dar testimonio de ese nuevo rechazo y, a la vez, presentar la confrontación como respuesta y protesta, y visibilizar la opción digna de la vida sin reproducción, del ejercer la diversidad de los deseos desde una elección y una conciencia política, desde el respeto a la diferencia. De la militancia orgásmica y sus múltiples prácticas en ese diálogo entre la vida y la muerte, de eso que ya estaba con los homosexuales y que estará: la libertad para morir y vivir amando de diversas maneras, con o sin sida.

Robert Mapplethorpe, Tulip, 1985. © The Robert Mapplethorpe Foundation.

Para terminar, a partir de la lectura de las representaciones diversas y críticas sobre el ser homosexual que los autores y sus valientes obras plantearon en su momento y que hoy nos ayudan a construir nuestra tradición cultural, es importante reflexionar también sobre la vigencia y los límites de las categorías identitarias, que son nombradas para que existan y sean ejercidas íntima, política y afectivamente. El problema con las categorías es que implican, para consolidarse, estrategias de rechazo y demarcación de límites. Un problema serio es cuando los homosexuales buscan poner límites a la identidad abyecta, a la gaycidad, y entonces surge la homofobia internalizada que estereotipa y cuela nociones morales y regulatorias, desde una genitalidad falocentrista, sobre lo que es gay, aceptado o no. Se está dentro de las categorías para algo, pero uno no debería casarse fanáticamente con un modelo que rechace todo lo que no se ajuste a sus ideales, bajo riesgo de vivir en un esquema rígido sobre la agencia de nuestros deseos y sus libertades. Bajo pena de vivir en cuerpos abyectos con mentes normalizadas, porque lo que pesa más quizá no sean la libertad y las licencias que el cuerpo o los cuerpos se permiten, sino el esquema mental rígido que rechaza la representación de nuestros diversos estar en el mundo; lo que puede dañar es lo que consideramos de manera cerrada como persona, como gay, como lesbiana, como heterosexual, y nuestro rechazo a todas las expresiones que no entran en ninguna clasificación claramente, o que cuestionan el ideal modélico de cada una de ellas.

Deberíamos preguntarnos: “¿Si tu ano no es cerrado, por qué tu mente sí?”, ante los numerosos prejuicios que se ven día a día en las aplicaciones de ligue, en estados de Facebook, en artículos de opinión, en las consultas médicas, las academias universitarias, por ejemplo. No se odia al homosexual en general por sus expresiones sexuales, por sus prácticas anales, porque todas o la mayoría de éstas son reguladas desde la agencia íntima y privada de los hogares, de los noviazgos, de las camas de hotel y los roles fijos asociados a estereotipos físicos; sino por las agencias de contactos desgenitalizados, por la expresión más afectiva que sexual, por la diversidad potencial de modelos que resulta incomprensible, inestable, y diverso en matices inclasificables. Al enfrentarnos a la diferencia tendríamos que aceptarla como parte de nuestra vida, de nuestra vida interna o, aprovechando la tradición romántica y mística, de nuestra alma. Habría que cuestionar, que en general nos educan para pensar no en la diferencia, no en el fracaso, no en el caos ni en la inestabilidad, sino en lo estable, lo exitoso, lo seguro, lo que no cambia: el crédito disponible, el fondo para el retiro, la esperanza del mañana, la continuidad que se afianza en la procreación, la esperanza del trabajo de por vida. El pacto con el modelo capitalista de estabilidad ha sido cerrado, y en parte éste exige la vigencia de la homofobia para fijar modelos hegemónicos. Y nos alcanzó –como auguraba Blanco–. Nos alcanzó en la homofobia internalizada, en las parejas que suben su proclama de amor eterno a Facebook y cancelan toda expresión de masculinidades o feminidades disidentes: “hay locas que nos demeritan”, dicen; cuándo vas a tener pareja estable, dicen; no voy a marchas, no defiendo, no lucho, no me entero, no leo sobre homosexuales porque mi preferencia sexual es un gusto más, dicen, como mi gusto por el rock, por el pri y por la Coca Cola. Se ha perdido un poco la noción de colectividad por la ficción capitalista de decisiones individuales que le dan aparente sentido a nuestras vidas y generalmente apresuran, por un lado, un contacto sexual despersonalizado, o, en el otro extremo, una relación larga y homonormada. Un iPhone nos caracteriza más ahora que el ser homosexual, porque nos permite usar ciertas aplicaciones de ligue homosexual a las que no todos tienen ni quieren tener acceso, y eso, tristemente, nos da sentido, nos vuelve cierta clase de gays, con cierta jerarquía.

Se nos invita todo el tiempo a abrir nuestros cuerpos, a explorar nuestras sexualidades, pero eso no significa que nuestra mentalidad cambie. Muchas veces, a eso no se nos invita, se nos coerciona: es éticamente correcto aceptar y abrazar la diferencia porque sí, es éticamente o políticamente correcto tener un día contra la homofobia, pero no se nos invita a pensar en las inercias mentales cotidianas por las que reaccionamos desde la lógica del rechazo y ante las cuales muchas veces no podemos dar un por qué explícito, porque no se nos enseña a cuestionarnos. Porque no se nos iluminan estas posibilidades de pensar el mundo de manera reflexiva y provocando limitar las inercias de nuestro actuar, no para que se vuelva dominante, una imposición, sino para un enriquecimiento personal; toda crítica, incluso si partimos de la literaria, se convierte en un ejercicio de autocrítica y autoconocimiento. Valdrá la pena cuestionarlo todo para enriquecer nuestra idea de nosotros y no casarnos con ninguna rigidez de etiqueta sobre nuestro entorno. Valdrá la pena explorar los cuerpos y sus afectividades renunciando un poco al encasillamiento previo.

Nos educan para pensar que no es utilitario conocer al otro, quien está facultado para cuestionarnos sexualmente pero no mental, corporal y afectivamente. Ayudamos a erradicar la homofobia en la medida en que nos abrimos a la duda y al cuestionamiento de lo LGTTTBI e incluso lo queer, y a partir de que nuestras acciones se encaminen a dejar los modelos impuestos y a asumir otras actitudes desde la cotidianidad que no pierdan de vista el ideal –siempre será un ideal– de destruir los prejuicios y actuar con pasión y ternura en consecuencia. Será siempre valioso entender que no se puede legislar igual, que en ese sentido el matrimonio igualitario no puede representar un fin en sí mismo; que lo trans, lo intersexual, las discapacidades y los cuerpos que se revelan distintos son luchas que nos esperan; que no se puede construir igual, soñar igual, amar igual y que, parafraseando y mal traduciendo a Butler, lo que es habitable para unos, a otros impide respirar.

1 Aunque no fueron publicadas como memorias, Carlos Monsiváis refiere que algunos fragmentos circularon en fecha cercana al año de su producción (1945). Novo los solía leer a sus amigos cercanos. Véase el “Prólogo” de Monsiváis a La estatua de sal (1999).

2 La modernidad abyecta. Formación del discurso homosexual en Hispanoamérica, Xalapa, Universidad Veracruzana, 2002, p. 122.

3 Salvador Novo, La estatua de sal, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2002, p. 47.

4 The Queer Art of Failure, Durham, Duke University Press, 2011.

5 op. cit., p. 110.

6 Ibidem, p. 107.

7 Luis Zapata, El vampiro de la colonia Roma. Las aventuras, desventuras y sueños de Adonis García, México, Grijalbo, 1979, p. 62.

8 Ser gay en la ciudad de México. Lucha de representaciones y apropiaciones de una identidad, 1968-1982, México, Instituto Mora/ciesas, 2009.

9 Abigael Bohórquez, Poesida, Hermosillo, Fondo Regional para la Cultura y las Artes del Noroeste, 2009, p. 28.

10 Ibidem, p. 18.

11 Idem.

12 Ibid., p. 62.

Lo femenino 

¿Cómo y de qué forma cuaja en el siglo XX una literatura homosexual escrita por mujeres? Casi siempre como un acto de reafirmación frente a una sociedad donde el amor lésbico es todavía más rechazado y estigmatizado. En las páginas de  Jane Bowles utiliza a su personaje Frieda Copperfield como un elogio de la libertad y la independencia. Una mujer que quiere lograr su felicidad terrenal y que no duda en abandonar a su marido para irse a vivir con una joven prostituta panameña. Del otro lado, Bowles confecciona un personaje como Christina Goering, una mujer rica, solterona y proclive al misticismo, que entra en la vorágine de las aventuras con desconocidos.

Ese díptico que componen la libertad y desafío de Frieda frente a la auto-destrucción y soledad de Christina sobrepasan el propio tema homosexual para apuntar a una reflexión literaria y estética. El rechazo, el deseo, la pasión o la soledad son comunes a todos los seres humanos, homosexuales y heterosexuales, pero justamente lo que recoloca esos sentimientos es el contexto donde se producen. Cuando Lemebel narra el amor homoerótico frustrado en la dictadura de Pinochet en verdad cuenta muchas formas de violencia soterradas en ese desamor.

Carol es un ejemplo perfecto de la forma en que la sociedad americana permanecía encerrada en una estructura conservadora. Esta novela de Patricia Highsmith, que fue llevada al cine por Todd Haynes, fue chazada por sus editores a causa de su temática lésbica, apareció en 1951 con el título de El precio de la sal y bajo el pseudónimo de Claire Morgan. Años más tarde, se reimprimió con el título de Caroly el verdadero nombre de su autora. En esa edición se añadió un prólogo donde explicaba las razones que entonces la obligaron a ocultarse y su satisfacción porque hubiera ayudado a otras lesbianas. El libro vendió cerca de un millón de ejemplares.

¿Cómo y de qué forma cuaja en el siglo XX una literatura homosexual escrita por mujeres?

Highsmith cuenta la historia de Therese, una joven escenógrafa que trabaja como dependienta en una tienda en la que se encuentra con Carol, una elegante y sofisticada mujer, que acaba de divorciarse y entra a comprar una muñeca para su hija.A partir de ahí Therese experimenta una apasionada fascinación por la joven. La Carol de Higsmith y la Frieda Copperfieldn de Bowles guardan un parecido: su elección de amor por otra mujer tiene algo de reafirmación, conquistar espacio en una sociedad que las invisibiliza. E incluso algo de eso conecta por ejemplo con la bisexualidad de Virginia Woolf.

El sello Dos Bigotes publicó hace dos años A Virginia le gustaba Vita, una novela en la que Pilar Bellver recrea la historia de amor entre las escritoras Virginia Woolf y Vita Sackville-West, esta última una extravagante escritora entonces mucho más conocida que Virginia Woolf. Tomando como punto de partida las cartas íntimas y los datos biográficos de ambas, Bellver recrea esta relación y el marco histórico donde ocurre: el período de entre guerras, en el ambiente transgresor que unió a los miembros del grupo de Bloomsbury y sin olvidar los especiales lazos que se establecieron entre ellas y sus maridos, Harold Nicolson y Leonard Woolf.

La literatura y el sentimiento funcionan, en ese caso, como hilos comunes que sujetan las historias de dos mujeres cuyo sentido libérrimo del mundo se impone en sus vidas y, por supuesto, en la elección de amarse.  Hay autores ineludibles como la poeta norteamericana Anne Sexton, quien habló de su sexualidad, en una obra tardía y confesional, reconocida con el premio Pulitzer en 1967 por su libro Vive o muere. Lucia Berlin (1936-2004), una escritora norteamericana redescubierta con la publicación de  Manual para mujeres de la limpieza (Alfaguara),ha dedicado también algunos de sus cuentos al tema, entre ellos El jardín de los cerezos.

El año pasado, Lumen publicó, de la francesa Pauline Delabroy-Allard, Voy a hablar de Sarah, una novela que despliega la relación erótica entre dos mujeres que se conocen por casualidad. Una es  madre soltera y profesora con una pareja circunstancial. La otra es violinista, excéntrica, sensual y culta. Muchos se refieren a ella como la última gran revelación literaria francesa. Ha ganado importantes premios (estuvo a un paso del Goncourt) y ha sido comparada con Marguerite Duras y Yourcenar por la fuerza de su prosa. 

Zezé / Ángeles Vicente

Ángeles Vicente García (Murcia, España, 1878 – ?) fue una escritora española, autora de Zezé, la primera novela de la literatura en español con una protagonista lesbiana. A partir de 1920 se pierde el rastro de la autora y se desconoce su biografía posterior.

Los escritores Luisgé Martín, Alberto Fuguet y Giuseppe Caputo reivindican la libertad para escribir desde su condición homosexual en el Hay Festival de Cartagena de Indias

“Peor sería haber sido convocados por ser tres terroristas latinoamericanos”. El escritor chileno Alberto Fuguet (1964) responde el primero a la pregunta sobre si le molesta participar en un encuentro por su condición de escritor homosexual. “No molesta en la medida en que no sea lobby. Algunas personas que nos vean ahora aquí dirán: ‘¡Ah! ya están entrevistando a los maricones y ¿por qué no a nosotros, que somos la nueva minoría? Sinvergüenzas’, como si el hombre blanco heterosexual fuera la nueva minoría, como parece en tiempos de Trump”, prosigue el autor de Sudor(Literatura Random House), su primera novela abiertamente gay.

“A mí tampoco me molesta. Mientras haya algo de discriminación y diferenciación social, que esto se traslade al periodismo y a la opinión pública sirve para corregir”, asegura el español Luisgé Martín (1964), que ha vertido su dolorosa experiencia “hasta salir del armario” en El amor del revés (Anagrama).

“La pregunta de fondo es si existe una literatura gay. Es complejo, claro. Por un lado, reivindico que siendo gay es literatura universal. Pero, por otro, es verdad que no existe la novela heterosexual, que se entiende como lo universal, como si no pudiera ser lo gay. Ha sido un proceso tan largo y dificultoso hasta abrazar esa palabra como para no reivindicarlo”, interviene Giuseppe Caputo (1982), que ha removido el ambiente literario de su país, Colombia, con la novela Un mundo huérfano (Literatura Random House).

Los tres destacados escritores han participado en varios actos organizados en el seno del festival literario Hay, cuya 12 edición concluyó ayer en Cartagena de Indias. Y los tres reconocen la mejora en las libertades de los gays en las últimas décadas que se refleja en una literatura cada vez más rica y consolidada. “Ha habido un cambio, desde luego, en la estigmatización, en el lenguaje del poder, en el uso de la palabra maricón como insulto, o invertido, o marica el último. Ahora se sigue haciendo pero con algo de vergüenza”, apunta Martín. “Soy del Caribe colombiano, que es una zona supermachista. Con seis años estaba en un parque en unos neumáticos gigantescos mariposeando y un señor me dice: ‘Vuela, vuela’. Y yo pensaba que me estaba animando y le daba más fuerte. Y luego añadió: ‘Vuela, vuela, mariposón’. Ha habido una reapropiación de ese lenguaje y eso es bonito. También lamento mucho que dentro de la comunidad se reproduzcan discursos machistas”, dice Caputo.

“Mi mayor tema nunca ha sido ser gay. Es ser norteamericano, que en Chile es mucho peor [vivió hasta los 11 en EE UU]. Y después soy burgués, niño rico (que no es verdad), relativamente blanco; estoy superacostumbrado a una etiqueta más. Me ha interesado siempre encontrar el homoerotismo en la literatura no gay”, afirma Fuguet.

“Ciertamente”, interviene Caputo, “todo el mundo pasa por el sufrimiento y la adolescencia es difícil para todos, pero no reconocer que hay una singularidad en esa experiencia es injusto. Leía el libro de Luisgé y me acordaba de mi trauma del despertar sexual que fue muy duro…”. Martín toma la palabra, por alusiones: “Hay un tipo de literatura gay que habla de la noche, de los hábitos. Pero también creo que hay una literatura del dolor y de la identidad. Los homosexuales hemos tenido exceso de dolor y una identidad conflictiva”.

La Marcha de Orgullo Gay se celebrará este sábado y aquí te dejamos siete libros que abordan la temática gay, entre novelas y textos enfocados a entender mejor la diversidad sexual.

La Marcha de Orgullo Gay se celebrará este sábado y aquí te dejamos siete libros que abordan la temática gay, entre novelas y textos enfocados a entender mejor la diversidad sexual.

LAS MÁS VISTAS

El próximo 28 de junio se llevará a cabo la XXXIII Marcha del Orgullo Gay en la Ciudad de México. A lo largo de los años, varias novelas y textos enfocados en entender mejor y respetar la diversidad sexual han sido escritos.

Aquí te dejamos algunos libros que son indispensables en la literatura gay:

Esta crónica habla de la cultura gay y los movimientos artísticos, literarios y musicales que se desarrollaron en la ciudad de México durante los años ochenta. El escritor, Guillermo Osorno, cuenta la historia de Henri Donnadieu, un francés que huyendo de la justicia de su país llega a México en la década de los setenta. Al establecerse fundó El Nueve, un emblemático bar gay de la Zona Rosa. El relato lo conforman los cambios políticos y sociales de México, los primeros signos de la decadencia priísta, la crisis económica, el temblor de 1985, la aparición del sida y sus efectos devastadores.

Este libro fue escrito por la terapeuta sexual Rinna Riesenfeld y explica con detenimiento qué es y qué no es la bisexualidad, ya que en algunas ocasiones las parejas de estas personas no son bisexuales. Además, trata de desmentir los mitos y prejuicios en torno a esta preferencia de una manera sencilla. Cuenta con testimonios las inquietudes que pueda tener alguien que se siente atraído a ambos sexos y está dirigido a cualquier persona que quiera entender y respetar la diversidad sexual.

Esta novela se centra en dos argentinos que cayeron presos durante la dictadura militar y comparten la misma celda. En la soledad, Valentín, un activista político, y Martín, un homosexual, construyen un rol de pareja mientras conviven y hablan sobre sus vidas durante su encierro.

Este libro es una investigación periodística que cuenta con una explicación, de base científica, para reflejar el punto de vista de las personas transexuales. Se pueden encontrar testimonios de personas transexuales que relatan su lucha por integrarse a una sociedad que los estigmatiza y que, en la mayoría de los casos, causa enormes sufrimientos. Además, busca concientizar a la sociedad para incluir a todas las personas sin distinción por sus preferencias sexuales.

Adrián Helien es un médico especializado en psiquiatría y desde 1985 se dedica a la sexología. En el 2005 comenzó a coordinar un grupo de atención de personas transexuales (GAPET) en el hospital Carlos G. Durand. Alba Piotto estudió una licenciatura en comunicación audiovisual por la Universidad Nacional de San Martín y una maestría sobre periodismo digital en la Universidad de Belgrano; es redactora del diario Clarín, en el que cubre temas policiales, judiciales y sociales.

Esta novela cuenta la vida de cuatro jóvenes londinenses durante la Segunda Guerra Mundial. Retrocediendo en el tiempo, relata la conmovedora historia de amor y traición en los tiempos de guerra, retratando los sueños rotos de una generación. Se centra en tres momentos históricos en 1947, 1944 y 1941, donde descubriremos por qué sus personajes son como son. Los protagonistas son Duncan, su hermana Viv, la compañera de trabajo de esta (Helen) y la ex enfermera Kay.

Es una historia autobiográfica que te lleva a acompañar al niño Koo-Chan durante su juventud y descubrir su atracción hacia personas de su mismo sexo. El joven crece con el estigma de saberse diferente a los demás lo cual lo hace ver de aspecto débil, solitario y enfermizo. Durante un tiempo se siente atraído por Omi y trata de esconderlo intentando enamorarse de Sonoko, la hermana de su amigo Kasuno. La historia se desarrolla en Japón, después del lanzamiento de las bombas atómicas en los años 30 y 40.

Este libro es un clásico de la narrativa moderna y en su momento fue polémico por la temática que aborda, sin embargo, catapultó a su autor a la fama.

El texto más íntimo de Oscar Wilde. Es una larga carta escrita en la cárcel de Reading dirigida a su amante Lord Alfred Douglas, donde se revela su compleja personalidad humana. El escritor tuvo que vivir los últimos años de su vida en el escándalo, la vergüenza de un terrible proceso que lo envió a la cárcel y el desprecio y las burlas de sus enemigos. Wilde escribió esta carta antes de cumplir su sentencia y esperando recibir una respuesta del Lord.

Después de todo, José Ceballos de Maldonado, (Diógenes, 1969)

Esta es una de las obras más importantes de la narrativa gay en México. Fue escrita una década antes de que iniciara la lucha por la reivindicación de los derechos de la población LGBT+. Después de todo es una novela visionaria con un compromiso ético indudable, y con uno de los personajes homosexuales más fuertes y sólidos de la literatura mexicana.

Doña Herlinda y su hijo (y otros hijos), Jorge López Páez, (Fondo de Cultura Económica, 1993)

La narrativa de López Páez se distingue por una sencillez total, alejada de malabarismos formales y lingüísticos. El autor aborda la homosexualidad masculina con una apabullante naturalidad, sin apologías ni sentimientos de culpa.

En esta recopilación destacan dos cuentos: «Doña Herlinda y su hijo», un texto de importancia capital acerca de la doble vida que llevan muchos hombres gays. Y «Herlinda primero o primero Herlinda», que aborda la historia del hijo en la niñez y adolescencia.

Amora, Rosamaría Roffiel, (Planeta, 1989)

Esta es la primera novela abiertamente lésbica publicada en México. El texto alterna pasajes narrativos con fragmentos líricos y ensayísticos con una abierta intención «didáctica». La autora presenta un personaje de orientación política de izquierda, enamorada de una mujer heterosexual, y la paulatina visión que esta va teniendo del mundo lésbico.

Como afirma María Elena Olivera, es una de las primeras obras que daban a las mujeres lesbianas su derecho a hablar, a ser narradoras de sus propias historias, y a la práctica erótico-sexual a partir de su propio deseo.

La hermana secreta de Angelica María, Luis Zapata, (Cal y arena, 1989)

Esta historia es la más novelesca de las obras de Zapata que lleva de sorpresa en sorpresa. Son tres personajes aparentemente disímbolos y lejanos uno de otro, pero que guardan una entrañable relación. Una exuberante vedette que reina en los cabarets de Tijuana. Un adolescente de provincia atormentado por el bullying, fanático del cine mexicano. Y una incipiente y jovencísima cantante que recorre el país con otros artistas de la Caravana Estrella.

Zapata se aleja aquí un poco de los personajes gays para explorar otras identidades, mucho antes de que comenzara cabalmente el reconocimiento de estas.

Crema de vainilla, Artemisa Téllez, (Voces en tinta, 2014)

En esta novela hay una intención clara de subvertir la imagen de la buena lesbiana, de derrumbar clichés y estereotipos, de abordar las historias enfatizando las corporeidades de sus protagonistas, quienes ejercen su goce de manera irrestricta. Irene, becaria veinteañera de universidad privada, y Lala, la chica rica y guapa de su grupo, comienzan una fuerte relación amistosa que incluye también intensos encuentros sexuales.

Irene revive esa pasión obsesiva años después. Y explora los insospechados caminos del sadomasoquismo, en compañía de Adriana, la actual amante de Lala.

El vino de los bravos, Luis González de Alba, (Katún, 1981)

Esta es la obra con la cual su autor abordará por primera vez las pasiones homoeróticas. Colección de nueve relatos a manera de postales sobre la vida gay en diferentes regiones del mundo: Guadalajara, Ciudad de México, Santiago de Chile, Venecia, Barcelona y Sao Paulo.

Aquí están presentes ya algunos aspectos de la obra de González de Alba. Una apología de la homosexualidad masculina como un paraíso de hombres hiperviriles y la idea del sexo inmediato y anónimo como una forma de castidad.

Melodrama, Luis Zapata, (Quimera, 2008)

Esta es una novela-película que es un espléndido homenaje al cine. Una suspicaz madre descubre a su hijo al teléfono hablando de sí mismo en femenino, lo cual le provoca una gran inquietud. Así inicia esta divertida parodia donde Marga (la madre), Arturo (el padre), Alex (el hijo), Axel (el detective que contrata la madre para investigar al hijo) y Estela (la esposa del detective) recrean puntualmente las pasiones desbocadas, los personajes arquetípicos, los efectos escenográficos, etc., del género cinematográfico que es un componente esencial de la cultura mexicana. Es la primera (si no es que la única) novela gay con final feliz.

Gozoología, Arturo Arredondo, (Joaquín Mortiz, 1991)

Este texto es un volumen de cuentos que traza una insospechada analogía entre las relaciones homoeróticas y las conductas de varias especies de animales, palomas, toros, avestruces, águilas. Cuando la explosión de la narrativa gay comenzaba a menguar en los tempranos noventa, esta obra le dio un giro inesperado, aunque el autor no volvió a abordar el mismo asunto.

Sobresalen dos textos: uno sobre el inquietante encuentro sexual entre un hombre y un ser bestial, de apariencia caprina, que lo posee concienzudamente. Y otro que presenta a la primera personaja transgénero de la narrativa mexicana.

El diario de José Toledo, Miguel Barbachano Ponce, (Era, 1964)

La obra de Barbachano es la primera novela mexicana que habló directamente de homosexualidad, muchos años antes de que empezara la lucha reivindicativa. Aunque fue una primicia ciertamente siniestra, pues todos los hombres gays que aparecen tienen final trágico.

El autor afirmó haber encontrado el diario en un autobús, lo cual haría a esta novela el testimonio de un hombre gay inmerso en la condena apabullante de su época.

Utopía gay, José Rafael Calva, (Oasis, 1984)

Una pareja conformada por dos hombres cisgénero están esperando su primer hijo, porque uno de ellos realmente está desarrollando un ser humano en su vientre. El autor trasladó en clave de farsa las aspiraciones de una pareja hetero a otra homosexual, que experimenta todas las peripecias y planes alrededor del nacimiento del primogénito. La novela se estructura a partir de los largos monólogos de Carlos y Adrián, los padres.

Calva fue el autor que aportó las representaciones más extremas del hombre homosexual en el movimiento narrativo que propició Luis Zapata a partir de 1979.

Toda esa gran verdad, Eduardo Montagner, (Alfaguara, 2006)

Toda esa gran verdad es una novela afianzada en una inquietud constante de la narrativa gay, la revelación de la sexualidad y sus ritos de iniciación. Parte de este punto pero a la vez se abre a otras perspectivas. Para el protagonista Carlo, quien se siente atraído por su amigo Paolo, asumir su homosexualidad no le significa culpa o remordimiento alguno.

Montagner presenta un personaje a quien acaso ya no le atañen de igual manera las incertidumbres de quienes lucharon por el reconocimiento de una identidad. Su desazón se dirige a las implicaciones que tendrá el fetichismo en el que se solaza (inédito en la narrativa gay).

Funerales de hombres raros, Wenceslao Bruciaga, (Jus, 2011)

Dos funerales, dos historias independientes unidas por la presencia de un mismo narrador, un hombre homosexual con una visión crítica e implacable sobre los atavismos del ambiente gay. En la primera parte, un trío sexual donde el que hace mal tercio es quien fallece. En la segunda, una abuela odiosa y el reencuentro de una vieja relación, acaso la primera.

El autor es una de las muy pocas voces disidentes, necesaria e indispensable para señalar los peligros de la homonorma que cada vez amenaza más con domesticar el carácter inicialmente indómito del ser gay.

Laredo Song, Joaquín Hurtado, (Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Nuevo León, 1997)

En este volumen de cuentos Hurtado ya retomaba historias y personajes homosexuales, constatando que tienen tantos rostros y personalidades como habitantes en el mundo. Son textos que indagan en los infinitos caminos del deseo, con la gran solvencia que tiene Hurtado para crear historias fincadas en ambientes marginales, así como identificar los rumbos y atajos de un ambiente gozoso y siempre lúbrico.

En Laredo Song, Hurtado establece toda una tipología actual de la variopinta fauna gay: «locas, tortilleras, mayates, chacales, mirones, chichifos en día franco, bugas turísticos, bonitas, vestidas, tapadas, inters, divas, bis, mujeres… pero no biológicas».

Función de medianoche, José Joaquín Blanco, (Era, 1981)

Blanco incursionó en todos los géneros literarios. Este volumen es ejemplo de su capacidad para la crónica urbana, de su ojo atento, irónico, implacable. Su obra comprende textos publicados entre 1978 y 1980, sobre todo acerca de Ciudad de México.

Sin duda una de sus más importantes obras es Ojos que da pánico soñar, un texto fundacional para la cultura gay mexicana, que abordó en 1979 (al filo de que iniciara el movimiento reivindicativo) la cuestión de asumir con entereza una identidad homosexual en la vida cotidiana.